CAPÍTULO VI: “Palabras para…” CAPÍTULO VIII: “Are You Ready to Rock?”
Apr 07

Comenzó con un ligero aunque molesto y amenazador dolor en una muela, que afronté como no podía ser de otra forma, con optimismo (“nada que no solucione unas sesiones de meditación, seguro que remite”). Mas no es el del dolor el estado más óptimo para meditar, y tuve que suspender la redacción de “Palabras para…”, y acudir a una farmacia cuando ya no fue posible la concentración, y dificultosa la respiración. De poco sirvieron las pastillas, pues pasé la noche en vela, palpando el crecimiento sin fin de mi cara.

A la mañana siguiente, transformado en el Hombre Elefante, y ante la atenta mirada de los viandantes, partí en busca de un hospital desde el que tras varios pases de pelota, me enviaron a la facultad de odontología (2 pesos la consulta, y 13 la cura), donde con un equipo prehistórico aunque funcional, una bella estudiante me hizo experimentar un nuevo concepto del dolor, al inyectarme anestesia en mi súper flemón.

Algo no iba bien. Consultó con varios compañeros, y tras sacarme una placa me comunicaron que un tornillito de una operación anterior imposible de extraer, imposibilita la cura, y deja la extracción de la muela como única alternativa.

11 de cada 10 dentistas recomiendan que en lugar de subirte a un colectivo con las rodillas temblándote por el dolor, para compartir un viaje de casi una hora de pie con decenas de sardinas en lata, te pegues un tiro en la nuca tú mismo. Ahí me hubiera gustado ver a Shankar respirando.

Mis compañeros de celda me cuidan bien ofreciéndome cuanto pueden, y aunque pudiera parecer que una cara inflada no es lo más adecuado para ligar, se han acercado mujeres que apenas me habían dirigido la palabra: “¿Qué te ha pasado? ¡Uuuuuuuuu! ¡Poooooobre!

Mi cara se recupera poco a poco, tras lo cual, posiblemente el lunes, tras 34 años conmigo, me dejará porque no la he cuidado bien. En ese sentido las muelas son como las mujeres, grandes maestras.

Ignoro lo que me enseñará la maestra ayahuasca, pero conozco la enseñanza de la maestra muela: “Lo único necesario para ser feliz, es que no te duela nada”

Sedlo.

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