Apr 07

Hacía ya tiempo que llamaba a mi puerta a través de diferentes mensajeros que me recomendaban su lectura. Una vez más tomé la decisión de aplazar el encuentro, cuando me saludó desde un estante de una tienda de Corrientes a la que me llevó la princesa Marian, y en su lugar se coló “La Ley de la Atracción”. Pero una vez saboreadas y digeridas las enseñanzas de Abraham, me dejé guiar por el Gran Vigía que otea desde las alturas (por algo le llaman “yo superior”, o “interior”, pues es desde el interior desde donde se alcanza una visión más amplia), y acudí a la cita con “El Alquimista”.

Todos tenemos una “Leyenda Personal”, un sueño que podemos intentar conquistar guiados por la señales creadas por la mano que lo ha escrito todo, o renunciar a él y pacer en la zona cómoda.

Santiago es un joven andaluz que abandonó la comodidad de la vida eclesiástica que sus padres habían proyectado para él, y se hizo pastor para realizar su sueño, pues era la única forma de que un joven de su condición pudiera viajar.

Pero su Leyenda Personal va más allá de viajar por los pueblos de Andalucía con sus ovejas. Y son diferentes mensajeros de la vida quienes van guiándole en su búsqueda del tesoro.

Cierto día en que Santiago, quien gusta de viajar a través de la lectura, en paralelo a sus viajes por los campos, trata de dar comienzo al último libro que ha adquirido, un “viejo” le interrumpe en busca de conversación, lo cual irrita al joven quien prefiere conversar con su libro. Sin embargo esta conversación será un importante punto de inflexión en su viaje hacia su sueño, pues el anciano es un enviado del universo.

En ese punto había abandonado la lectura la noche anterior, y me disponía a continuarla acompañando el suculento desayuno del Hostel de depravación, vicio y desenfreno de Barracas, cuando un “viejo” con el que ya me había encontrado en varias ocasiones sin intercambiar fonema, se giró y al ver mi libro preguntó por él, buscando conversación. No llegué a irritarme como Santiago, aunque cierto es que prefería conversar con Coelho. Mas las señales se presentan para ser escuchadas, y “El Alquimista” bien podía continuar esperando como lo había hecho durante años.

Eduardo es un genio de la programación jubilado, descendiente de espartanos. Un superviviente que ha superado varias enfermedades graves, y actualmente, con dos tumores calcificados en la cabeza, acaba de ingresar en la facultad de Física, para cumplir su sueño de licenciarse. También hablamos de Tango y mujeres. Nos contamos nuestras penas y nuestras esperanzas. “Ahí afuera, en algún rincón está ella esperándome”, le dije. “¡¡¡Pues shamaaaaalaaa!!!”, me dijo. “¡¡¡Shamaaaaala fuerte!!!” recalcó, dirigiendo el índice primero a la cabeza, y después al libro. “¡¡¡Que sea una reputa en la cama, y un ángel fuera!!!”.

Me informó sobre una tienda en la que encontraré libros sobre “concentración”, que sospecho que van a suponer un salto cuántico en mi vida. Pero esa será otra historia.

En ocasiones, sentado en una terraza degustando una Quilmes, levanto la mirada del libro de turno, y me digo a mí mismo entre sorprendido y maravillado: “¡Estás en Buenos Aires, loco!”. Pero exceptuando algunas interacciones con mis compañeros de celda con quienes hoy he compartido y saboreado una comida peruana (he ejercido de pinche), y un par de agradables encuentros con la fantástica Mariana, mi vida transcurre solitaria, y mi yo interior, quien se comunica conmigo a través de los sentimientos, ya me estaba avisando de que mi Leyenda Personal va más allá de trasladar mi lugar de lectura a miles de kilómetros del Bode y el Fox, y pasear por las Ramblas Porteñas disfrutando de espectáculos como el ofrecido por una familia sacada de las barracas más barracosas de Barracas, que en lugar de regentar un puesto de Autos de Choque amenizan las calles con un Show de humor con claras influencias de “El Dúo Sacapuntas” y “Los Hermanos Calatrava”.

Mi Leyenda Personal, mi sueño, consiste en conectar con miles de almas bellas diseminadas por el ancho mundo. Sé disfrutar de la soledad, pero también sé cuánto me pierdo si no salgo de vez en cuando de ella, como por ejemplo “la noche”. “Pero ¿cómo?”, me preguntaba. “¿Salgo sólo, con la esperanza de conectar?” Y si te encuentras en forma, no te caben dudas de que así será, y lo haces, pero yo llevaba mucho tiempo alimentando el equívoco pensamiento de que la vida siempre te ofrece lo mismo: “verlas pasar”.

En cualquier caso, “¿Cómo?” no es la pregunta correcta, sino “¿Qué?”. “¿Qué es lo que quiero?”. Dejad que sea el universo quien se encargue del cómo.

Mi más intrépido explorador y amigo, Rubén, actualmente de avanzadilla por Bolivia, me conminó a que contactara con un hermoso ser bonaerense al que había conocido recientemente practicando Bolivismo. Contacté telefónicamente con Nahuel el sábado por la tarde, y me invitó a una fiesta rockera underground en una casa perteneciente a un músico argentino versado en las obras de nuestro Fermin Muguruza, en la que junto a otras 3 bandas tocarían cerrando el evento, amigos de Nahuel. Y aunque mi cuerpo me pedía a gritos dormir, no aceptar esa invitación hubiera supuesto un pecado castigado con almorranas eternas.

Salí de “Depravation Hostel” sumido en esa atmósfera que te susurra “comienza la odisea”. Odisea consistente en localizar un colectivo que me llevara a Retiro, donde tomaría un tren que me trasladaría a un pueblo situado a una hora de la capital, en la que me esperaba un grupo de personas a las que no conocía, pero con la seguridad de que sintonizaríamos una misma frecuencia.

Aunque las 3 primeras bandas estuvieron muy lejos de erizar uno sólo de los pelos de mi cuerpo, GOCÉ, pues la compañía era un auténtico lujo impagable. Mas cuando tras unos temas de Negu Gorriak que me dedicó el dueño de la casa, entraron en acción “LOS CARGOSO”, con Nahuel acompañando a las voces, TRANCEÉ, pues como repetía Julián, “El Sheriffe del Condado” y Fan Nº 1 de Los Cargoso: “¡¡¡¡ESO ES UNA BANDA!!!”.

En ocasiones, sentado en una terraza degustando una Quilmes, levanto la mirada del libro de turno, y me digo a mí mismo entre sorprendido y maravillado: “¡Estás en Buenos Aires, loco!”. Pero en esta ocasión, punteando al aire junto a Julián, me dije a mí mismo entre sorprendido y maravillado: “Estás en una concierto de Los Cargoso, loco”.

Tras el evento, y con el placer ya instalado definitivamente en el cuerpo, nos montamos en el Chevrolet de Don Diego, para esperar la salida del astro rey conversando y tomando cerveza, en el garito predilecto de los chicos, al que llaman “El Bar de Mou”

En ocasiones, sentado en una terraza degustando una Quilmes, levanto la mirada del libro de turno, y me digo a mí mismo entre sorprendido y maravillado: “¡Estás en Buenos Aires, loco!”. Pero en esta ocasión, mirando al nutrido grupo que me rodeaba, me dije a mí mismo entre sorprendido y maravillado: “Estás disfrutando de una velada en el Bar de Mou de Pablo Nogués, con muy buena gente que hace muy pocas horas no conocías,loco”.

La noche que quizá fue una más para ellos, pero por razones obvias mágica para mí, dio paso al merecido descanso en la casa de la familia de Nahuel.

Nos despertaron para nutrir nuestros cuerpos con las famosas empanadas de Quito, y rica carne argentina asada en horno de leña, bajo la sombra de los árboles del jardín de la casa. Si la compañía nocturna fue un lujo, a esta familia tendré que calificarla como LUJAZO. Hoy, por no eternizar este relato, sólo os hablaré del Rey Quito, al que, si sólo se me permitiera una palabra para describirlo, creo que sería “Grande”, pero en tanto que se me permiten algunas más, os diré que este artista ha creado un hogar rebosante de hermosa vida y belleza, y una familia de la que estar orgulloso.

Jamás, tras tan excelente comida me habían ofrecido tan maravilloso postre. Padre e hijo interpretaron a dúo grandes temas propios, y si “Los Cargoso” lograron que acariciara el Trance, en este Oasis del viajero, sentado entre dos grandes músicos, hubo momentos en los que creí levitar.

En ocasiones, sentado en una terraza degustando una Quilmes, levanto la mirada del libro de turno, y me digo a mí mismo entre sorprendido y maravillado: “¡Estás en Buenos Aires, loco!”. Pero en esta ocasión, sentado entre dos grandes músicos y mejores personas, cuyos sentimientos me envolvían en forma de música, me dije a mí mismo entre sorprendido y maravillado: “Estás participando de una experiencia, a la que es un honor haber sido invitado, loco”.

Tras una tarde gloriosa, revoloteaba en mi mente la idea de tomar el tren que me devolviera a Barracas, cuando Nahuel me invitó a acompañarlo a casa de unas amigas a tomar mate. Y en tanto que no aceptar semejante invitación es un pecado castigado con un policía aplicándote electrodos eternos en tus almorranas eternas, acepté.

En ocasiones, sentado en una terraza degustando una Quilmes, levanto la mirada del libro de turno, y me digo a mí mismo entre sorprendido y maravillado: “¡Estás en Buenos Aires, loco!”. Pero en esta ocasión, sentado junto a Nahuel, dos DIOSAS encantadoras y bellas como sólo la mente infinita de El TODO puede crear, y el simpático hijito de una de ellas, me dije a mí mismo entre sorprendido y maravillado: “Estás tomando mate, conversando, y disfrutando de la hospitalidad de unas princesas, que no conociéndolas hace unos minutos, pareciera que nuestras almas ya se conocían, loco”.

Cuando al fin tomé el tren, mi corazón viajó hasta Barracas embriagado de felicidad y gratitud.

Como en tantas ocasiones en el pasado, me dije a mí mismo que la vida siempre me ha regalado más de lo que yo creía poder alcanzar. Como si me estuviera diciendo continuamente: “¡¡¡Claro que puedes. Dejá de joder pelotudo!!!”

Ya en la estación de Retiro, ultimaba las últimas gotas de una espléndida micción, cuando un tarado se colocó a mi lado y se sacó el miembro con la intención de compartir la taza del váter conmigo.

Un pequeño guiño de la vida, recordándome que el universo es un inmenso almacén en el que hay de todo, y que mi única responsabilidad consiste en elegir.

Tras una reparadora ducha decidí concluir “El Alquimista”, sentado en una terraza degustando una Quilmes. En la última página, a escasas líneas del final, dice así: “Realmente la vida es generosa con quien vive su leyenda personal, pensó el muchacho”.

En la primera línea de la contraportada de este magnífico libro, puede leerse la frase que resume la idea principal de la obra:“Cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño”.

Firma

Apr 07

Algo me despertó. Más bien alguien, el compañero de la litera contigua. Me preguntó si podía meterse en mi estrecha litera, y yo con las pocas luces que habían despertado, desde el submundo de la duermevela, le pregunté si no tenía suficiente sitio en la suya, con lo que sonrió y se retiró, volviendo yo a quedarme dormido.

Cuando volví a despertar, esta vez completamente, me pregunté si había sucedido realmente o había sido un sueño, y tras razonar con lógica, concluí que si hubiera pretendido ligar conmigo lo hubiera intentado en otra situación, y no tratando de meterse en mi litera en la que no caben dos personas, en una habitación compartida por 6 y por tanto carente de intimidad, por lo que se había tratado necesariamente de un sueño. Eso sí, del sueño más real que he tenido en mi vida.

Volvamos pues a la Vida Real:

La confitería Richmond es un clásico porteño. En los años 20 era el bunker de la aristocrática vanguardia literaria de Buenos Aires (Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo y Leopoldo Marechal) que se proclamaba como portadora de una nueva sensibilidad.

Adentro de “La Richmond” todo sigue como era entonces, hasta los mozos se mueven más despacio. Afuera la gente pasa, sigue pasando, y según avanza el día, sube o baja como la marea.

Eso es lo que dice mi guía de papel, y yo que siempre he sido un enamorado del pasado y las máquinas del tiempo, tenía que comprobarlo y experimentarlo, por lo que disfruté de un café con leche con medialunas untadas con mermelada y la lectura de “La Ley de la Atracción” en “La Richmond”, donde efectivamente la atmósfera es de otras épocas, y los espíritus de Borges y otros antiguos creadores de sueños quizá continúan sus tertulias.

Con las inspiradoras revelaciones de Abraham aún recientes, trataba yo de atraer prosperidad económica y chicas de buena familia a mi experiencia vital, mientras paseaba por Florida y Lavalle (peatonales que recuerdan a las Ramblas de Barna), cuando acepté uno de los múltiples y variados papelotes que ofrecen al viandante avezados promotores (restaurantes, clubs, chicas malas…). El mozalbete insistió en que acudiera al club de chicas malas, y yo para no desairarle le prometí que lo haría otra noche. Entonces él me informó de que con una tarjeta que él me daría firmada, podría visitar el club sin pagar entrada cualquier noche del próximo mes, pero tendría que acompañarle al club para que me la firmaran. Me negué, pero cuando me lo pidió como un favor, pues él se llevaría una comisión de 2 pesitos, prometiéndome que sería cosa de un minuto, y rebosando yo buen rollo, simpatía, y ánimo de servir al prójimo, le acompañé.

Mi primera intención fue esperarle en la puerta, mas acepté la invitación para entrar al sórdido garito, dentro del cual me presentó a una de las chicas, la cual me condujo hasta uno de los reservados situado al fondo (muy al fondo) donde creía yo que me firmaría la dichosa tarjetita, por lo que mi primera intención fue la de esperar de pie, mas acepté su invitación para sentarme al lado de sus despampanantes muslos para que me explicara la dinámica del lugar: no me habían cobrado entrada por haber ido con un promotor, y tampoco me la cobrarían cuando fuera con la tarjeta firmada, y si fuera mi deseo podría disfrutar de un espectáculo erótico, lésbico… En esas estábamos cuando llegó otro bellezón. Trataban ambas ninfas de convencerme de que me quedara a disfrutar de sus íntimos encantos, cuando una camarera nos trajo bebidas la cual rechacé. Cuál fue mi sorpresa al enterarme de que rechazada o no, tenía que abonar el importe, pues según me explicaron diligentemente, trátase de un club que trabaja con copas y en el que por tanto la consumición es obligatoria.

Cómo no, mi primer intento fue el de explicar la diferencia entre entrar a un club por tu voluntad y pedir la copa que desees, y entrar a un club porque un promotor te ha prometido que será el minuto que tarden en firmar una tarjeta, y que te saquen una copa que no has pedido, y sobre cuyo contenido ni siquiera te han preguntado. Pero pronto me di cuenta de que estaba haciendo el canelo, pues ambas partes éramos plenamente conscientes de que aquello se trataba de una señora estafa en toda regla.

La primera idea consistió en apartar a las tres mujeres que me rodeaban y largarme, pero al encontrarme al fondo (muy al fondo) del sórdido garito de una ciudad aún desconocida, y a buen seguro guardado por gorilas subdesarrollados, me habló Doña Precaución (o Doña Cobardía, en ocasiones las confundo), y pregunté cuánto me costaría la broma. Treinta pesos (6 €) me pareció un precio razonable para salir de la encerrona, pero cuando pagué la copa y me disponía a marchar me informaron que también tenía que pagar las copas de las chicas (60 pesos más), por lo que indignado les dije que no llevaba semejante cantidad encima (llevaba mucho más), que sólo me quedaba el billete de 20 pesos que la jefa ya había ojeado con su linternita mientras yo extraía los 30 pesos de mi cartera. Se lo tragó y aceptó saldar la cuenta con esos 20 pesos.

Antes de marcharme debí haberles explicado con tranquilidad, mesura, y buena fe, que uno de los secretos más importantes de la vida consiste en que recibes lo que das, y que en consecuencia el universo te puede regalar afecto, amor, y un trabajo que te agrada, o puedes acabar chupándosela a viejos en un tugurio de mala muerte. Pero no es la indignación la mejor llave de la elocuencia, y menos de la imaginación, por lo que me limité a rechazar la tarjeta firmada que aún me ofrecían, y a marcharme con aire visiblemente afectado.

Hace un tiempo hubiera dedicado las próximas horas y días a pensamientos del tipo “¡Qué hijos de puta ellos”! y “¡Qué subnormal yo!”, pero el pasado, pasado es, por lo que disipé el mal rollo mientras paseaba por Corrientes creando en mi mente esta carta que estáis leyendo, y me regalé una abundante cena en un Self Service en el que comí para los próximos 3 meses por 17 miserables pesos (aunque justo es reconocer que ha de haber en el mundo suelas mucho más apetitosas que esa carne a la parrilla).

Anoche me volví a encontrar con el diligente estafador callejero, al que le conté lo acontecido. ¡Qué disgusto se llevó! “Nooooooooo…., qué decíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiissss, ¿en serioooooo? Diculpaaameeeeeeeeeeee……

Mas se recuperó pronto del disgustazo, y en menos que canta Camilo Sesto me ofreció chicas en apartamentos privados, sexo directo y sin copas de por medio, a 300 pesos la hora, cocaína, y todas las drogas inventadas y por inventar.

Es lo que tienen. De todo menos vergüenza.

Diréis que vaya mierda de Ley de la Atracción, cuando uno intenta atraer prosperidad y chicas de buena familia, y acaba en la cueva de Alí Baba con unas mujerzuelas que le sacan los cuartos. Pero tenéis que comprender que las experiencias del presente son en gran medida producto de los pensamientos y creencias del pasado, y que cuando no se dedica el tiempo suficiente y con la suficiente intensidad a un deseo concreto, el resultado es el producto de una compleja amalgama de deseos, muchos conscientes, y muchos otros inconscientes. Y cuando uno tiene un público al que alimentar con sus historias…., necesita historias. Historias que vayan más allá de “que aristocrático y colonial es San Telmo, que los domingos se llena de frikis y titiriteros que lo flipas”, y “que majo es el Maxi, que me arropa para que no me enfríe”.

Pues sin ir más lejos, al día siguiente paseé, leí, y medité entre patos ZEN, para concluir con una mágica puesta de sol, en el Rosedal de los Bosques de Palermo, y ayer fue el turno de las carpas ZEN del Jardín Japonés al que me llevó la dulce y locuela Marian ZENcerro, pero seguro que esto no os interesa tanto.

Por cierto, según he podido comprobar, la estrechez de las literas no es óbice para que sean ocupadas en ocasiones por dos personas, aun a pesar de la ausencia de intimidad.

La Vida es Sueño, y el Sueño es Vida.

Firma

Apr 07

Ya he participado en mi primera mani bonaerense con final en Plaza de Mayo, para denunciar las maldades del gobierno chino, con motivo de la llegada de la antorcha olímpica a Buenos Aires, que en principio iba a ser llevada por el mismísimo Diego, quien al parecer no pudo llegar a tiempo de un viaje de negocios.

Me preguntaba la razón por la que una mani, bastante minoritaria, formada por hippies, Rastas, y pacíficos ciudadanos de edad avanzada, iba rodeada por columnas de Pretorianos armados hasta los dientes. Según me enteré más tarde, su función no era la de evitar que alguno de los pacifistas quemara un banco, sino la de protegernos de un grupo de chinos que ya habían agredido a los manifestantes antes de que me incorporara a la marcha, y que reaparecieron berreando como sólo los chinos saben hacerlo (probablemente más alto que los miembros de Falun Gong torturados)

El fin de esta primera semana en el nuevo mundo, ha transcurrido entre marcos coloridos. El sábado degusté el elegante barrio de la Recoleta, repleta de puestos de artesanía, pan resheno, frutas multicolor, garrapiñadas, jugos, jugosas, y titiriteros de toda laya, percusionistas inclusive, no tan buenos como los Djamboree, huelga decir. Mucho tambor africano, pero ni una triste txalaparta con la que transportar almas por mundos bucólicos.

Mas no hay color comparado con un paseo por Puerto Madero con la adorable Mariana, y una cerveza al son de los mejores temas de los Guns N’ Roses, seguida por una pizza en la Avenida de Mayo, y una laaaaaaarga caminata, para concluir una jornada kilométrica (mil gracias dulce Mariana, por ofrecer reposo al cansado viajero, cuando mis pies ya no soportaban ni siquiera la búsqueda de un taxi).

El domingo fue el turno del barrio de San Telmo, donde según dice mi guía de papel, Buenos Aires se vuelve antigua y baja. Las casonas son aristocráticas, las calles adoquinadas, y los faroles de las esquinas le dan un aire tanguero y colonial.

En comparación, los titiriteros de Recoletas son 4 y un tambor (sin txalaparta). ¡Qué alarde de titiriterismo! ¡Qué despliegue! ¡Qué tanguismo! ¡Qué arte! ¡Qué buscarse la vida! Mediante un simple girar de cuello, puede el viandante disfrutar del arte y la clase de clásicos tangueros y tangueras de avanzada edad, o del arte y la clase de una no tan clásica señora, de edad aún más avanzada (Marta), dándole al swing con una batería de latas y una corneta de cotillón. Cuando el clásico turista (muy clásico todo) la enfoca con su cámara, ella le muestra un cartel que dice “show me the Money”.

Bien sabéis que era mi primera intención viajar en pos de los veranos, pero mis primeras intenciones no acostumbran a cumplirse, por lo que he aterrizado en otoño y el frío comienza a molestar. Es por ello que tras comer en el mercado de San Telmo entre antigüedades, viajeros, turistas, y algún que otro artista, decidí pasar el resto de la tarde en un bonito café, enfrascado en la lectura de mi primera compra en Corrientes, mientras la lluvia regaba el exterior y dispersaba a los transeúntes. Mmmmmm, si hubieran encendido la chimenea habría sido lo máximo.

“La Ley de Atracción” de Esther y Jerry Hicks (para variar). La “creación deliberada” consiste en que logras manifestar en tu experiencia física aquello en lo que enfocas tu atención (tus pensamientos) con persistencia (y fe) Dediqué unos momentos a la cámara digital económica (quizá de segunda mano) que quiero adquirir, para poder enviaros alguna foto de vez en cuando. Una hora más tarde continuaba yo la lectura en una mesa del Hostel, cuando aparecieron unos estudiantes de fotografía con sus cámaras hablando de sus cosas, sacando fotos…, con lo que aproveché para interrogarles. Una de ellas sabe de un lugar, y hoy preguntará la dirección exacta en la facultad, y me informará (estoy por dejarme de cámaras, y pensar en su cuerpo desnudo, a ver si me informa también)

Maxi es un jovenzuelo gay muy guapo que duerme en la litera de abajo. Lo primero que me preguntó fue mi procedencia, y lo segundo mis preferencias sexuales. Estos últimos días lo he notado un poco seco y distante, y cuando ayer se fue a la cama sin haberme dirigido la palabra en ningún momento, pensé “¿qué coño le pasará conmigo”?

Continué con el libro. Atraerás a tu experiencia sólo aquellos aspectos de las personas a los que prestes tu atención. Nada puede entrar en tu experiencia que no hayas invitado. Dejé de pensar por tanto “¿qué coño le pasará conmigo?”, y pensé en lo simpático y extrovertido que me pareció el primer día

En este Hostel sólo te proporcionan sábanas, y yo viajo con una mochila muy chica, por tanto sin saco ni mantas, por lo que esta noche he tenido que cubrirme con la ropa de abrigo que me he traído. Esta mañana algo me ha despertado. Era Max, que se marchaba a la facultad, y me estaba tapando con su manta. Le he dado la mano, le he sonreído, y he vuelto a dormirme calentito y con una sonrisa de oreja a oreja.

Piensa BIEN, y acertarás.

Firma

Apr 07

Existe un tipo de miedo, diferente al que uno siente cuando le persigue un león de la Sabana. Se trata de un miedo irracional, que no obedece a ningún peligro inmediato. Una especie de ruido de fondo, que en muchos casos pasa inadvertido por ser demasiado habitual.

Es el miedo del ego, y es debido a la ilusión de separación de la fuente original, de la unidad de el todo.

Florece con fuerza cuando uno se dispone a cruzar los límites de la zona de comodidad, y pienso que si no llegué a sufrirlo hasta que me encontré ante una mochila que llenar, a pocas horas de partir hacia Barajas, fue porque no me tomé la molestia de pensar en que en breve me encontraría muy lejos de mi área comodona, como Gary Cooper, en “Solo ante el Peligro”.

Me molestó en Madrid, a pesar de contar con la inmensa suerte de ser guiado por una guerrera mapuche, y continuó tocando mis pelotas al subir al escenario bonaerense, aun cuando fui recibido por una gaucha conocida por algunos de ustedes.

Pasamos la primera noche en el Hotel “La Perla” de 3 estrellas (habitaciones separadas) Muy correcta ella, oye. Me mostró la Casa Rosada, Plaza de Mayo, el Parlamento, Calle Florida, Libertador…., y se marchó dejándome libre…., y sólo.

Y ahí comienza la auténtica aventura: Tras llamar a varios Hostels, selecciono el más económico: 19,20 pesos diarios, unos 4 €, poca cosa comparado con la habita (separada) de “La Perla”. Se trata de un hostel de Gays & Lesbianas situado en el barrio Barracas, uno de los más sucios y conflictivos (si no el que más) de la ciudad. Aquí la habita no es separada, sino compartida con 5 chicos a los que según cuentan les gustan los miembros bien grandes. Menudo quilombo de habita, no apta para remilgados, aunque no hace temblar a quien ha compartido Calle Rioja con El Hombre Alto que nunca dice Basta.

Es curiosamente durante mi primer día en solitario, recorriendo la cuna de Diego (la Boca), y el colorido y pintoresco Caminito, tras atravesar las calles más peligrosas de Barracas, cuando logro diluir los últimos residuos de miedo. Es tan sencillo como simplemente observarlo, sin juzgar, sólo observar.

Ha habido cambios en la habita, y ahora me acompañan dos argentinos, un chileno y un peruano, todos ellos estudiantes. Buena gente.

Hoy he tenido el gusto de conocer a nuestra querida Lady Marian, con quien he paseado por Corrientes, increíble calle atestada de teatros, cines, tiendas de libros y discos… Sé que va a ser uno de mis destinos predilectos en Buenos Aires.

Mas no han sido Mariana y Corrientes los únicos descubrimientos agradables de la jornada, pues me dirigía al subte (pintoresco viaje en el tiempo), cuando me he detenido a preguntar a un señor con muchas ganas de charlar con un “gashego” que me ha acompañado hasta la taquilla primero, y hasta el mismísimo metro después, mientras me contaba que es cantante de Karaoke, y un gran enamorado de la canción melódica española, especialmente de Camilo Sesto. Me ha invitado a pasarme otro día por la zona para poder continuar la charla, y no me cabe la menor duda de que durante los próximos días y semanas me esperará impaciente, pero aunque sería sin duda un placer asistir a algún concierto de Luisito Sesto, Buenos Aires es demasiado grande, y sus mujeres demasiado bellas, por lo que quizá no volvamos a vernos.

Tras una opípara cena en Corrientes, regada de un delicioso caldo argentino, el colectivo 100 me ha dejado en Constitución, desde donde he caminado por calles nocturnas, solitarias, sórdidas, y según dicen, llenas de ratas y maleantes, con la seguridad absoluta de que nada maligno se interpondría en mi camino.

Tengo la sensación de que mi inexistente sentido de la orientación está despertando, a la par que se extingue el temor.

Tenía pensado cambiarme de hostel a uno más “decente”, en alguna zona más segura, pero ya no lo tengo tan claro, ahora que empiezo a ser conocido en Barracas, como “El puto Rey de la Barraca”

Continuaré.

KISS

Firma

Apr 06

Dice el Calendario de las 13 Lunas, que un Caminante del Cielo dormido, sufre el encierro, cae con facilidad en la depresión, no supera sus limitaciones.

Pero cuando despierta, se libera, y libera a los demás, rompe los barrotes, las estructuras o prejuicios, y sale a volar. Explora el Espacio Interno y Externo. Une el Cielo a la Tierra.

Ten coraje de tomar los riesgos. Predisponte a viajar hacia lo desconocido. En este lugar misterioso, el cambio de punto de referencia crea un salto cuántico. Los bordes de tu crecimiento son los que contienen la magia más grande, al explorar estos bordes desarrollas la compresión y la compasión por los demás que, como tú, están en la Tierra para vivenciar su crecimiento y evolución. Explora y expándete, recuerda tus alas. Te espera un viaje misterioso, mensajero de la luz, cuando tengas el coraje de entrar en la nueva realidad. Te has embarcado en la búsqueda del equilibrio.

¿Qué es lo que estás sintiendo con esa idea de trasladarte a lo desconocido sin garantía alguna? Se te pide que explores lo que parece ser territorio desconocido y que te produce miedo, donde tus puntos de referencia se hacen fluidos. Esta parte de tu viaje es como flotar en el espacio sin las restricciones de la gravedad. Puede resultarte raro en el comienzo pero, a medida que te acostumbras, el misterio se hace emocionante y el coraje surge solo, para enfrentar cada desafío.

Recuerda que tu realidad se mantiene debido a tus creencias y esquemas, que se las puede considerar como puntos fijos de referencia. Cuando estos puntos cambian, tu realidad se traslada hasta otro punto de encaje. Si te anclas firmemente en tu Ser y estás conectado a la Fuente, tienes el cable que te conducirá a salvo a cualquier destino. Desde esta base puedes explorar los nuevos misterios y trasladarte libremente.

Considera tu vida como un viaje sagrado.

Firma

Página 2 de 2«12

Relatos de Viajes Historias de Viajes Experiencias de Viajes