Recordé todas las ocasiones en las que he tenido que enfrentarme a un matón; casi todas ellas durante mi tierna infancia. Sólo recuerdo una en la que vencí: fue tal el sentimiento de ira generado por el abuso, que una puerta se abrió en mi interior, por la que entró La Fuerza, y lo empotré contra la pared, ante sus atónitos ojos, y los del resto, que no podían comprender de donde había salido ese huracán, pues de un cuerpo tan enclenque no era posible.
Décadas más tarde he vuelto a vencer, no al matón de carne y hueso, quien en última instancia es un profesor, y un hermano, sino al MIEDO (el único matón que puede impedirte VIVIR), en esta ocasión, como un Guerrero Amable, Pacífico, Silencioso…
“Las verdaderas batallas de un guerrero son internas”
Sócrates.
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