Recordé todas las ocasiones en las que he tenido que enfrentarme a un matón; casi todas ellas durante mi tierna infancia. Sólo recuerdo una en la que vencí: fue tal el sentimiento de ira generado por el abuso, que una puerta se abrió en mi interior, por la que entró La Fuerza, y lo empotré contra la pared, ante sus atónitos ojos, y los del resto, que no podían comprender de donde había salido ese huracán, pues de un cuerpo tan enclenque no era posible.
Décadas más tarde he vuelto a vencer, no al matón de carne y hueso, quien en última instancia es un profesor, y un hermano, sino al MIEDO (el único matón que puede impedirte VIVIR), en esta ocasión, como un Guerrero Amable, Pacífico, Silencioso…
“Las verdaderas batallas de un guerrero son internas”
Sócrates.


17 November 2009
jose
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