CAPÍTULO VII: “La Maestra” CAPÍTULO IX: “La Vuelta al Mundo en 30 Días”
Apr 07

Había decidido sustituir mi encuentro con el maestro Sri Sri Ravi Shankar, quien durante esta semana ha estado maestreando por Buenos Aires, por un encuentro con el Maestro David Coverdale, líder de la banda de Hard Rock más elegante de todos los tiempos: Whitesnake. Pero con un desembolso en dentista en ciernes, me daba cosa dilapidar 5 días de alojamiento (100 pesos) en un espectáculo de un par de horas.

Pero hay espectáculos y espectáculos, y frente a la inseguridad de mi ego, mi YO Superior no dejó de cuestionar la decisión hasta que dejé lo que tenía entre manos (el portátil, pues si llega a ser cierta princesa residente del hostel llamada Catalina, David hubiera tenido que esperar a otra ocasión), y partí sabiendo que no llegaría a tiempo, pero sabiendo que tenía que ir, esperando que ocurriera no sé el qué.

Hacía media hora que la Serpiente Blanca había saltado a escena, y no había entradas a la venta. Intenté convencer a la manada de porteros que guardaban una de las puertas de entrada, de que me dejaran entrar por simpático (pues evidentemente, era exactamente a eso a lo que había ido), pero la respuesta fue acorde a mi confianza en lograrlo, por lo que me tuve que conformar con escuchar a los astros desde afuera.

A medida que uno tras otro, iban surcando el aire los grandes hits de 1987 (“Is This Love”, “Crying in the Rain”…), yo allí en la puta calle, me iba sintiendo cada vez más penoso, patético, mediahostia, waltrapas… ¿Aquella fuerza interior me había empujado hasta Luna Park para escuchar el concierto desde la acera?

Recordé una historia relatada en “La Danza de la Realidad” por Alejandro Jodorowsky, en la que una señora de apariencia muy humilde y harapienta, elevando su vibración logra no solo que la dejen entrar sin pagar a un espectáculo de alta alcurnia, sino que es tratada con extrema gentileza por todos los responsables, quienes la acomodan como si de una reina se tratara. Traté de disipar el sentimiento de penosidad, y elevar mi vibración esperando algún milagro, y cuando el teclista hizo sonar las primeras notas de “Here I Go Again”, necesité intentarlo de nuevo (sería ya el tercer y último intento), pero esta vez en otra puerta con menos gorilas. El chico se mostró más accesible, pero se negó igualmente pues según dijo lo iba a comprometer.

Elevé mi mirada hacia la luna y le dije: “Esta vez me has fallado, viejo” (acostumbro a tratar con Dios a través de la luna, cosas mías), pues así somos los humanos, necesitamos cargar las culpas en algo o alguien, siendo los únicos responsables de nuestra vida.

Cuando ya me disponía a marcharme, el chico me preguntó: “¿Qué te pasó? ¿Te quedaste sin entrada?”. “Me enteré del concierto cuando ya había empezado” mentí cual bellaco. “Si le hubieras ofrecido una propina a alguno de los chicos, capáz que te hubiera dejado entrar” me asesora. “¿Y si te la doy a ti?” indago. “Pero ya te queda poquito”, apunta. “Es para poder contar a mis amigos que he visto a Whitesnake en Buenos Aires”, le hago saber. Dicho lo cual se olvida de la propina, y me abre la puerta con disimulo mientras me dice: “sube por esas escaleras”.

Y subí por aquellas escaleras como alma a la que persigue la Guardia Civil, y no, no daban a los camerinos donde esperaban media docena de groupies semidesnudas esperando a Coverdale esnifando coca, pero sí que daban a unas gradas situadas frente al escenario en el que los Monstruos del Rock despedían el encuentro.

Me arrodillé primero, dando gracias al universo siempre tan gentil, y recibí el tema en postura de levitación, el cual acabó, acabando también el concierto. Y os puedo asegurar que nadie de entre aquellas miles de personas, disfrutó de ese último tema tanto como lo hice yo. De hecho salí tan contento que me compré un niqui (remera le llaman).

Y bueno…, aún no elevo mis vibraciones como la Diosa de la que habla Jodorowsky, pero puedo contaros que he visto a Whitesanke en Buenos Aires, sin pagar.

Now are you ready to rock
Children of the Night
Are you ready to roll
Children of the night

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